INTRODUCCION.
El
desarrollo regional es un proceso orientado a la transformación y organización
de los espacios y los territorios. Como concepto, el desarrollo regional tiene
atribuciones que definen un campo de interacción en las dimensiones más
importantes del desarrollo, por lo que refiere cambios cualitativos en los
planos económico, social, político, ambiental, tecnológico y territorial. En la
práctica se asocia a la organización productiva y el progreso técnico; las
tareas de gobernabilidad y gestión; la preservación del ambiente y la
organización territorial de la sociedad que habita al interior de las mismas.
El desarrollo regional incorpora principios de equidad y participación y se
reconoce las vertientes del desarrollo en un sentido integral.
El
desarrollo regional opera mediante el diseño de políticas públicas expresadas
en planes y programas que en cierto sentido orientan la organización del
territorio y los procesos económicos de las regiones. En el caso de México
hemos tenido diversas experiencias de desarrollo regional que han privilegiado
el enfoque sectorial del desarrollo y han dado lugar a ciertos desequilibrios
entre las regiones del país.
Con
los proceso de globalización el desarrollo regional de México enfrenta
desafíos, particularmente en lo que se refiere a la competitividad de las
regiones, su identidad cultural y sobrevivencia social a partir de sus
potencialidades. Por tanto, la planeación regional es ahora un proceso mucho
más complejo que requiere la concurrencia de diversos aspectos más allá de los
estrictamente económicos. En tal caso, nos proponemos en este diplomado conocer
el estado que guarda actualmente el desarrollo regional en México, los
conceptos básicos, los indicadores más representativos para elaborar
diagnósticos regionales y las metodologías requeridas para ubicar en el
desarrollo las potencialidades de las regiones de México, hacia una aspiración
de un mejor nivel de vida.
En
el caso de la microhistoria es una rama de la historia social de desarrollo
reciente, que analiza cualquier clase de acontecimiento, personajes u otros
fenómenos del pasado que en cualquier otro tratamiento de las fuentes pasarían
inadvertidos. La razón por la que llaman el interés del historiador puede ser
muy diversa: puede ser lo raro pero también lo cotidiano.
Aunque
la microhistoria sea un saber humilde y sencillo —de lo cotidiano y familiar—
no por eso carece de rigor científico. Todo microhistoriador busca afanosamente
los datos reales en archivos tras una paciente investigación, porque lo que
pretende es reconstruir lo más exacta posible la verdad. Las fuentes más
frecuentadas por el microhistoriador son los archivos parroquiales, los libros
de notarios, los vestigios arqueológicos, los cementerios, las crónicas de
viaje, los censos, los informes de munícipes y gobernadores, estatutos,
reglamentos, leyes, periódicos y tradición oral.
La
labor del micro historiador es ardua. Se ve necesitado muchas veces de hacerla
de detective, con escasas y borrosas huellas, sin medios para descubrir lo que
busca penosamente. Para encontrar la verdad sobre las personas que vivieron
hace dos o tres siglos tiene que obtener datos y después intentar relacionarlos
entre sí. Esta es la tarea más difícil, pero la más importante: "la
resurrección de nuestros difuntos requiere recubrir sus huesos de carne y
espíritu".
El
estilo de la microhistoria es la expresión inspirada en lo coloquial. Las
personas y las sociedades se hacen más libres, crecen y producen, si se conocen
mejor a sí mismas, de dónde proceden y cómo han llegado a ser lo que son.