lunes, 28 de abril de 2014

INTRODUCCION.


El desarrollo regional es un proceso orientado a la transformación y organización de los espacios y los territorios. Como concepto, el desarrollo regional tiene atribuciones que definen un campo de interacción en las dimensiones más importantes del desarrollo, por lo que refiere cambios cualitativos en los planos económico, social, político, ambiental, tecnológico y territorial. En la práctica se asocia a la organización productiva y el progreso técnico; las tareas de gobernabilidad y gestión; la preservación del ambiente y la organización territorial de la sociedad que habita al interior de las mismas. El desarrollo regional incorpora principios de equidad y participación y se reconoce las vertientes del desarrollo en un sentido integral.
El desarrollo regional opera mediante el diseño de políticas públicas expresadas en planes y programas que en cierto sentido orientan la organización del territorio y los procesos económicos de las regiones. En el caso de México hemos tenido diversas experiencias de desarrollo regional que han privilegiado el enfoque sectorial del desarrollo y han dado lugar a ciertos desequilibrios entre las regiones del país.
Con los proceso de globalización el desarrollo regional de México enfrenta desafíos, particularmente en lo que se refiere a la competitividad de las regiones, su identidad cultural y sobrevivencia social a partir de sus potencialidades. Por tanto, la planeación regional es ahora un proceso mucho más complejo que requiere la concurrencia de diversos aspectos más allá de los estrictamente económicos. En tal caso, nos proponemos en este diplomado conocer el estado que guarda actualmente el desarrollo regional en México, los conceptos básicos, los indicadores más representativos para elaborar diagnósticos regionales y las metodologías requeridas para ubicar en el desarrollo las potencialidades de las regiones de México, hacia una aspiración de un mejor nivel de vida.
En el caso de la microhistoria es una rama de la historia social de desarrollo reciente, que analiza cualquier clase de acontecimiento, personajes u otros fenómenos del pasado que en cualquier otro tratamiento de las fuentes pasarían inadvertidos. La razón por la que llaman el interés del historiador puede ser muy diversa: puede ser lo raro pero también lo cotidiano.
Aunque la microhistoria sea un saber humilde y sencillo —de lo cotidiano y familiar— no por eso carece de rigor científico. Todo microhistoriador busca afanosamente los datos reales en archivos tras una paciente investigación, porque lo que pretende es reconstruir lo más exacta posible la verdad. Las fuentes más frecuentadas por el microhistoriador son los archivos parroquiales, los libros de notarios, los vestigios arqueológicos, los cementerios, las crónicas de viaje, los censos, los informes de munícipes y gobernadores, estatutos, reglamentos, leyes, periódicos y tradición oral.

La labor del micro historiador es ardua. Se ve necesitado muchas veces de hacerla de detective, con escasas y borrosas huellas, sin medios para descubrir lo que busca penosamente. Para encontrar la verdad sobre las personas que vivieron hace dos o tres siglos tiene que obtener datos y después intentar relacionarlos entre sí. Esta es la tarea más difícil, pero la más importante: "la resurrección de nuestros difuntos requiere recubrir sus huesos de carne y espíritu".

El estilo de la microhistoria es la expresión inspirada en lo coloquial. Las personas y las sociedades se hacen más libres, crecen y producen, si se conocen mejor a sí mismas, de dónde proceden y cómo han llegado a ser lo que son.